¿Por qué actuamos? ¿Qué es lo que nos motiva a seguir? Son preguntas difíciles con multiples respuestas. La gente actúa por avaricia, por envidia, por odio, por celos. Pero también de igual forma se actúa por razones positivas, como por amor, cariño o comprensión. Cualquier sentimiento es motivador para actuar de manera tanto positiva como negativa (no necesariamente correspondiendo el sentimiento con la acción)
Pero ahora debemos plantearnos ¿Por qué actúan los héroes? Muchos pensaran que por la justicia, otros dirán tal vez por venganza. Algunos tal vez aseguren que lo hacen por amor o por la paz o por algún otro motivo hippie.
Pero la verdad es otra
Una persona lo descubrió
Y tuvo que pagar por ello el resto de su vida.
Y lo peor de todo es que el ni siquiera lo supo completamente…
Todas las historias comienzan con un lugar y una persona. La persona es Hanzel Doullery. El lugar es Virtue Paragon una ciudad cerca del distrito federal, en México.
Quién diría que aquel muchacho flacucho de secundaria se convertiría en todo una leyenda.
Todo empezó con una pequeña organización pero muy prospera que se llamaban a sí mismos B Warriors (guerreros B) los cuales eran una organización de jóvenes unidos cansados de injusticias y del crimen en la ciudad. Contaban con una supercomputadora que denominaban la Pila, era una poderosa combinación entre magia y tecnología que consistía tanto de súper tecnología y de cristales místicos y a cualquiera que ingresara su ADN podía lanzar bolas de energía desde sus manos dando la ilusión que la creaban pero únicamente la transferían desde La Pila.
En esta organización Hanzel conoció a muchos de sus amigos, empezando por Teresante Bofo, el cual era sobrino del general Telias Bofo el cual era el líder de todo el movimiento, y fue durante mucho tiempo su mejor amigo. Aunque era mayor que Hanzel tenían bastante en común y congeniaban bastante bien, sobretodo que ambos eran amantes de las computadoras y videojuegos. Mientras que Teresante tenía 20 años y estudiaba ingeniería en la universidad paragon, Hanzel apenas tenía 15 años y estudiaba la secundaria, ambos tenían un sentido común por la justicia, Sobretodo Teresante quien había perdido a su madre por culpa de unos criminales cuando era pequeño.
Otra persona a quien él conoció en esta organización fue Diz Strahort, una chica muy linda con habilidades increíbles de pelea que durante mucho tiempo fueron superiores a las de Hanzel y de Teresante. Ella era una veterana y fundadora del movimiento por lo tanto sabía más que Hanzel el cual se había unido tan solo hace algunos años. Su edad era 18 años y su pasión eran los animales exóticos y la tortura de sus enemigos… ¿sutil eh?
Durante mucho tiempo los tres fueron los mejores amigos y superaron cualquier reto que les pusieran en frente. Uno de los más grandes fue el haber enfrentado a un malvado hechicero en un bosque que quería traer el fin del mundo, al distraerlo interrumpieron el ritual y un agujero oscuro se lo tragó… pero bueno esta historia será para otra ocasión.
¿Familia? Claro que Hanzel tenía familia, Arthur Doullery era su hermano menor (en ese momento tenía 10 años) quien recién ingresó a la organización y estaba entrenando duro aunque aun no le permitían ir a ninguna misión. Tenía madre, tenía padre con los cuales siempre se llevó bastante bien.
Hablemos más de su organización. Dentro de los Guerreros B con forme se servía a la sociedad se iba subiendo la intensidad del poder que podías lanzar. Acciones desde salvar a una persona de un asalto, entregar la cabeza de algún líder criminal o incluso haciendo obras de caridad te ayudaba. Los niveles se organizaban por colores, y cada color era una habilidad diferente, organizados de la siguiente forma:
Azul - Daña
Rojo - Se adhiere al cuerpo y explota tras 3 segundos
Verde- Explota al contacto como el rojo
Amarillo- Electrocuta
Café- Combinación de los anteriores
Después se agregarían mas colores en diferentes circunstancias pero por ahora únicamente se tenían estos. Teresante y Diz dominaban hasta el café mientras que Hanzel hasta el amarillo.
Bueno me parece que ha sido suficiente de introducción, así que mejor pasemos directamente a cómo empezó la historia. Aunque existe un previo no lo diré ahora porque no es muy necesario, más adelante que la trama lo requiera lo contare por ahora todo empieza en una soleada tarde de verano al momento que Hanzel estaba en su casa tratando de leer un libro (si él siempre fue muy fanático de la lectura) Y la enorme y casi interminable (y tal vez para algunos aburrida) historia de cómo el mundo fue cambiado comienza con una llamada telefónica.
-¿Qué sucede? – Hanzel dijo al momento de levanta el auricular.
-Es Teresante – sonó la voz de su amigo del otro lado de la línea – tenemos una pequeña situación ¿Podrías venir?
-Pues supongo que sí – dijo no muy convencido Hanzel – ¿A qué hora…?
-¡Ahora!
Y la comunicación se cortó. Hanzel jamás supo si se cortó por fallas técnicas (o provocadas) o porque Teresante se estaba desesperando. Se levantó del sillón en donde cómodamente estaba sumergido en el mundo de la imaginación de Dan Brown donde leía el Código da Vinci. Cierta parte de él aun se aferraba a quedarse ahí para averiguar que ocurría con Robert Langdon y sus aventuras en Paris. El iluso no imaginaba que las cosas que ocurrirían serían más intensas. Claro…desde cierto punto de vista. Antes de salir de su casa una voz pequeña sonó tras él.
-¿Ya te vas? – Arthur
-Si…tengo cosas que hacer…ya sabes
-¿Puedo ir?
-No, Teresante sonaba algo alterado creo que es peligroso, mejor quédate.
-Pero…
-Nada de peros – objetó – Además ¿que no tenías tarea?
Y salió cerrando la puerta tras él. Su hermano tenía 10 años únicamente y aunque quisiera llevarlo no sería algo muy… ¿moral? No sé si esa sea la palabra adecuada. Lo dejaremos así por ahora. Salió y se dirigió rápidamente al centro de la ciudad que era donde la base principal donde siempre se reunían se alzaba en un pequeño sótano de un edificio abandonado. Allí en lo más profundo del lugar se escondía la Pila. Hizo únicamente 20 minutos para llegar hasta allí y cuando lo hizo Diz estaba fuera, como esperándolo.
-Te has tardado – dijo fríamente, su voz no correspondía nada a su físico. Ella era delga y muy guapa pero su voz era un tanto grave para ser mujer, cuando la veías no imaginabas que este sonido saldría de tan hermosa mujer
-He venido tan pronto como pude ¿Qué es lo que… -
-¡Entra! – exclamó ella – Preguntas tontas ahora no.
Hanzel obedeció sin decir nada y cuando entró vio a muchos conocidos y enseguida vio a su amigo Teresante quien al verlo le hizo una seña con la mano para que se acercara. Esta vez Hanzel habló primero.
-Demasiado misterio díganme ya que hacemos aquí.
-Se ha convocado una reunión de bastante importancia – dijo él viéndolo desde una perspectiva aérea, era más alto que Hanzel – Tenemos una pista sobre Vermist, un equipo especial ira tras él.
-¿El doctor Hawley Vermist? – preguntó Hanzel casi incrédulo, una voz más grave que la de su amigo contestó su pregunta tras él.
-El mismo – Telias Bofo salió de entre la multitud para unirse a la plática – Tenemos ya un tiempo tras él, parece que ha estado rondando en nuestras bases de datos. Quiere información sobre nosotros.
-O sobre UNO de nostros – aseguró Teresante.
-No, es más probable que esté tratando de buscar alguna debilidad en la organización o de La Pila – dijo el general – pobre idiota, ¿Quién guardaría registros de sus propias debilidades?
-Tal vez él mismo – dijo Hanzel
-No lo dudaría – dijo hilarantemente el general esbozando una sonrisa – Vamos a sus lugares que pronto empezaremos.
El general fue al centro de la sala y subió a un pequeño stand, para ser un sótano parecía más una sala de conferencias a como la habían acomodado ese día.
-Como muchos sabrán – el general comenzó su discurso en el centro de la sala – El doctor Hawley Vermist ha cometido crímenes contra de nosotros y la sociedad, hemos estado tras él durante ya bastante tiempo, meses tal vez; y por fin tenemos una pista sobre su paradero.
Varias olas de murmullos recorrieron en el mar de multitud.
-¿Dónde está el maldito? – exclamó alguien al fondo del cuarto
-¡Vamos por él! – una mujer exclamó cerca de donde el general daba su discurso.
-¡Silencio! – los acalló el general con una voz potente. Los murmullos murieron al instante y quedaron flotando unos segundos en el aire, cuando el silencio fue de nuevo total el general prosiguió – Claro que iremos por él, pero es una operación delicada que únicamente algunos de ustedes pueden hacer. No podemos llegar con un ejército, tenemos que tomarlo por sorpresa. La gente que lo haga tiene que ser rápida y letal… - cerró su puño con fuerza mientras agregó – como el ataque de una serpiente.
-¿Entonces quienes irán? – dijo un muchacho que auditivamente Hanzel localizo a unos cuantos metros de él.
-¿Recuerdan a la campeona del “Torneo B” – preguntó el general acallando los murmullos que se hubieron desatado de nuevo. Se escuchó un general “si” de murmullos pero se callaron casi d manera inmediata. También se escucharon algunos “no” que seguramente eran muchachos que recién se habían unido (era el único motivo por el cual no conocerían a Diz, era una de las más populares de la organización)
-Ella elegirá un equipo que considere eficiente para dicha tarea. – dijo el general -Diz, ¿me acompañas?
De entre la multitud de (la mayoría) adolecentes salió la muchacha presumiendo una piel blanca pálida y una cabellera larga y lacia color castaña. Era de complexión y estatura media. Lucia unos atractivos ojos color avellana que en varias ocasiones robaron el corazón de muchos guerreros B.
-Gracias – dijo ella sonrojada al notar que al posarse junto al general la multitud le regalaba un aplauso – No lo merezco pero gracias :$
-¿Algo que quiera decir, señorita? – agregó Telias después de saludarla y darle un apretón de manos
-Pues so…solo – tartamudeó – solo agradecerles, la verdad muchos creen que soy muy buena o hábil pero la verdad hay muchos que son mejores.
-¡Además es modesta! – exclamó el general seguido por exclamaciones de aprobación. – Vamos a mi oficina para discutir lo de tu equipo, los demás… ¡A trabajar!
La multitud comenzó a dispersarse, Hanzel logró ver como Diz y el general fueron devorados por ella.
-¿Crees que nos escoja? – preguntó Hanzel a Teresante con cierto aire de desconfianza
-¡Claro! – exlcamó Teresante con un tono totalmente contrario al de Hanzel – Somos sus amigos, tiene que.
-Pero no hemos ido a tantas misiones juntos, sin mencionar que hay gente mejor calificada.
-Pero a Diz no le gusta la competencia – dijo mientras guiñaba un ojo – Es bastante soberbia quiere regresar con la gloria para ella, por eso no elegirá a los mejores y a nosotros sí.
-Gracias… ¬¬
-Ja! – soltó una carcajada seca al ver la expresión de Hanzel – No te enojes, además sabes que se trabaja mejor cuando se trabaja a gusto.
-En eso tienes razón – Hanzel por un momento pensó que era su padre con quien hablaba ya que tenían ideas similares ¿Por eso se llevaban tan bien acaso? – Pero será mejor que regrese a mi casa, mi hermano se ha quedado solo.
-¿No te vas a quedar a que nos digan que nosotros iremos? – dijo Teresante muy seguro de sí - ¿Qué no quieres ver las caras de los demás?
-Si nos llegan a elegir nos tendrán que avisar ¿No crees? No me gusta dejar a mi hermano tanto tiempo solo, más ahora que está aprendiendo a usar sus habilidades.
-¡Cierto! ¡Que recién lo inscribiste! ¿Cómo le va?
-Tiene problemas aun para controlar su energía, pero pues ya va progresando – explicó Hanzel algo cortante.
-Bueno, nos veremos más al rato supongo.
Los dos se separaron. Hanzel salió de la estancia mientras Teresante se reunía con otros compañeros que estaban cerca de una mesa con varias computadoras.
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Mientras tanto, en la oficina del general se discutía sobre los acompañantes ideales para Diz…
-Yo insisto que James y Teresante son el mejor equipo que puedes tener – argumentaba Telias
-No, Teresante si está bien – decía Diz de manera indiferente – pero James no, no me llevo bien con él. Quiero que Hanzel nos acompañe.
-Pero él tiene muy poco tiempo, no tiene la experiencia de James y…
-No me importa – interrumpió ella - Si no están los dos, será mejor que consiga a alguien más, general.
-Diz, por favor – insistió el hombre – Es una operación delicada, no podemos tolerar fallas.
-Discúlpeme general – dijo ella cortando el comentario de Telias – Pero mi decisión está tomada.
-Comprendo- dijo el general resignado, luego su tono pareció alegrarse - ¡Vaya si eres una niña necia!
-Es de familia – dijo ella sonriendo, el general le devolvió la sonrisa. Parecía que tenían horas de haber terminado su discusión
-Me comunicaré con Hanzel y Teresante para que en seguida se reporten…
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-Llegas tarde – decía Teresante a Hanzel mientras llegaba a la sala de armamentos
-Lo siento, trataba de convencer a mi hermano que no puede venir.
-Deberías traerlo – argumentó Teresante – A su edad puede aprender muchas cosas, ojala a mi me hubieran metido aquí a los 10 años.
-Pero es muy peligroso, si le pasa algo mis papas se volverían locos – se defendió Hanzel, Teresante puso cara de entender el punto, para que quedara claro agregó – Además en tal caso ¿Cómo se los explicaría?
-Si, en eso tienes razón, aunque no estaría mal que tus papás se enteraran de…
-¡Ni lo pienses! – interrumpió – Mi madre no deja de preocuparse de que cruzo la calle ¿Crees que soportaría que estoy metido en esto?
-Ya bueno…entonces no y ya xD
Algo llamó la atención de ambos, el general llegó por la puerta que tenían ellos por detrás seguido por Diz quien llevaba un aire distraído. Cuando ambos entraron pareció que Teresante adquirió el mismo aire. Quizás solo fue la imaginación de Hanzel.
-Bien señores, disculpen la tardanza -dijo el general cuando se reunieron los cuatro en el centro de la sala. Había montones de cajas de madera cubiertas de polvo a sus alrededores apiladas casi hasta el techo, dentro de ellas había todo tipo de armas. Claro que no era muy común que la usaran, la Pila era la única arma que necesitaban. – Estábamos repasando los detalles del plan.
-¿Cómo haremos esto? – preguntó Teresante algo entusiasmado
-Como dije ésta tarde- comenzó el general – Rápido y letal. Síganme por favor.
Los tres muchachos siguieron al general por una puerta escondida entre las cajas llenas de armas y polvo. Detrás de la puerta encontraron una especie de vehículo gris con ruedas pequeñas y una pequeña ventana en frente, por la cual se apreciaban tres asientos.
-Les presento al Escorpión – dijo el general sonando un poco entusiasmado – Es obra del Ingeniero, es un vehículo de todo terreno que puede alcanzar velocidades muy altas. Vermist está en un bosque al sur del pueblo tratando de asaltar un edificio que parece del gobierno. No estamos seguros lo que haya en ese edificio pero si Vermist lo quiere no puede ser bueno. – hizo una pausa para tomar aire – Ustedes tres irán en el Escorpión y se acercarán cuando Vermist intente entrar al edificio, ahí es cuando deberán ser rápidos y capturarlo antes de que escape.
-¿Vivo o muerto? – preguntó Diz de una manera tan tétrica que a Hanzel se le enchinó la piel.
-Como sea posible.
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Los tres muchachos llegaron al punto indicado por el general, una ubicación donde alcanzaban a ver las instalaciones del gobierno y a lo lejos veían humo el cual parecía indicar la localización del campamento de Vermist. El vehículo era angosto y bajo por lo cual se cubría excelente por arbustos frondosos.
-Salgamos – sugirió Diz – Cuando Vermist pase estaremos mejor preparados.
Así lo hicieron, salió Teresante luego, Diz y al final Hanzel (como era muy pequeño solo podían salir uno por uno) pero cuando Hanzel estuvo a punto de salir un ruido lo distrajo, volteó por todas partes tratando de encontrar d donde venía aquel ruido en ese pasillo tan angosto. Cerró los ojos y se concentró. Claramente escuchó una respiración lenta. Se preparó para enfrentar cualquier cosa, fue cuando detrás de un panel (el panel de control de la puerta del vehículo) pudo que sobresalía un pequeño tenis…muy familiar.
-¿Qué haces aquí Arthur? – exclamó Hanzel enojado.
Su hermano salió de detrás del panel con una mirada tímida y mirando únicamente al suelo.
-Lo siento – dijo con un hilo de voz – Quería ver lo que haces en tus misiones L
-Oh…no puede ser – “¿y porque justo en ésta?” Pensó Hanzel
-¿Algún problema? – gritó Teresante desde el exterior - ¿No te habrás atorado verdad?
-Mi hermano – exclamó Hanzel - ¡Está aquí!
-¿Cómo dices? – Hanzel no supo si Teresante no alcanzó a escucharle o no logró asimilar lo que dijo. En seguida Hanzel tomó a su hermano del brazo y lo sacó, tan pronto como Diz y Teresante lo vieron quedaron boquiabiertos.
-Vaya no sabía que la misión era familiar – dijo Diz con una sonrisa y en tono burlón – Hubiera traído a mi hermana…
-No te burles – Hanzel le lanzó una mirada fría y luego agregó -¿Podremos regresar para dejarlo?
-Imposible – dijo Diz negando con la cabeza – Según el general el doctor Vermist estará aquí en menos de 20 minutos, no tenemos tanto tiempo. Tendrá que quedarse en el Escorpión, y esperar que regresemos.
Hanzel se quedó pensando por un momento, su hermano lo miraba con ojos como platos pero él no le hizo caso, después de unos segundos de reflexión, suspiró hondo como si se diese por vencido y dijo dirigiéndose a su hermano:
-Entra y NO salgas por ningún motivo ¿Entendido?
Arthur únicamente asintió; dio media vuelta y entró al vehículo, Hanzel lo cerró, luego comenzó a buscar por los paneles de los alrededores: estaba buscando una especie de seguro para bloquear la puerta. Se veía nervioso.
-Tranquilízate – dijo Teresante tomándolo de un hombro – Estará bien, siempre y cuando no salga
-Eso – dijo Hanzel – Es justo lo que me preocupa. No creo que se quede allí ¿Y si me quedo con él?
-Absolutamente no – dijo Diz mientras preparaba, al parecer, una especie de traje gris con muchos cierres – Te necesito allí, tengan – les dio los trajes – detecté radiación allí dentro; sospecho que eso es por lo que vino Vermist
-¿Hay cosas radioactivas en ese edificio? – dijo Teresante con un poco de preocupación en la voz. Solo un poco
-Así es…¿Miedo? – contestó ella sonriendo
-Claro que no…
-Pónganse sus trajes entonces, los protegerán de la radiación.
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No pasaron 15 minutos y se empezó a escuchar un ruido tremendo, parecían motores de algún tipo. A lo lejos los tres muchachos divisaron arboles moviéndose de manera inusual, como si fueran desplazados por algo enorme que avanzaba entre ellos. Los tres muchachos se encontraban al sur del edificio del gobierno y aquel ruido provenía del oeste, es decir al noreste de donde ellos estaban. Al percatarse de esto salieron corriendo de su pequeño e improvisado campamento y corrieron hacia donde el ruido provenía, lamentablemente no fueron lo suficientemente rápidos, o más bien aquello que se movía entre los arboles era demasiado rápido. Cuando se encontraron con ello estaban a tan solo unos metros del edificio del gobierno y se trataba de una maquina enorme, era rectangular y alargada, tenía cuatro ruedas enormes que aplastaban a los arboles al avanzar, en la parte de enfrente un enorme cilindro metálico sobresalía. La maquina se postró justamente delante del edificio del gobierno, justo delante de su puerta del lado oeste, pronto varios hombres salieron de los costados de la máquina y cargaron hacia las instalaciones del gobierno.
-¡Vamos! – exclamó Teresante e hizo un ademán como si fuera a salir corriendo hacia aquella maquina.
-No – lo detuvo Diz con una tranquilidad increíble en su voz, a diferencia de Hanzel que moría de miedo – hasta que Vermist se muestre
-¿Y si no sale? – preguntó Hanzel - ¿Si se queda en su máquina hasta que los demás hagan el trabajo?
-Entonces cuando dejen de salir sus hombrecitos, entraremos a por él – Diz esbozó una sonrisa – Pero lo dudo…conozco al maldito; no confía en nadie tratará de hacer el trabajo el mismo.
No dijeron nada y observaron como los soldados combatían con guardias de seguridad, estos últimos siendo derrotados fácilmente (pues los atacantes eran más) Luego, del cilindro metálico que sobresalía de la parte de enfrente de la máquina se empezó a ver un resplandor, que se fue intensificando segundo a segundo hasta que un luminoso rayo salió disparado hacia la enorme puerta de acero derritiéndola en segundos, el rayo fue tan luminoso que los tres muchachos tuvieron que cubrir sus ojos. Pasados unos segundos los soldados entraron al edificio, solo un par quedaron fuera.
-¡Ahora! – exclamó Diz cargando hacia la máquina, los soldados que habían quedado afuera la divisaron pero en segundos ella les lanzó una bola de energía de color café a cada uno, noqueándolos al instante. Hanzel y Teresante le pisaban los talones. Entraron a la máquina por una abertura que estaba en la parte de abajo, la recorrieron de arriba abajo, pero estaba vacía. Algunos guardias quedaban dentro y los operadores de aquel monstruo metálico, ninguno opuso resistencia alguna antes Diz y sus poderes proporcionados por la Pila. Al salir de la máquina Diz comentó:
-¿Dónde está? Hemos buscado en todos lados – sonaba un tanto desesperada
-¿Qué tal que estaba disfrazado entre los soldados? – sugirió Hanzel
-¡Pero qué tonta soy! ¡Claro! – casi gritó – Ya está adentro ¡Vamos!
Los tres muchachos se apresuraron a entrar a las instalaciones del gobierno, con forme iban adentrándose iban derrotando soldados, de manera muy sencilla con una bola de energía para cada uno, dos de Hanzel por que el usaba la de color azul y era un tanto más débil que la café que usaban Diz y Teresante. Llegó un punto en el cual Hanzel no sabía si derribaban solados del gobierno o de Vermist, ambos se parecían y ambos los atacaban a la vista.
Entre más se acercaban a la sala principal (o al menos eso creían que era pues estaba en medio del edificio) más soldados se encontraban, todos parecían estar únicamente esperando. Al llegar a la estancia principal, la cual era una muy grande y alta llena de paneles y computadoras y con una especie de tubo verde fosforescente en la parte central, encontraron aún más soldados, fue un poco más difícil vencer a éste grupo debido a que los disparos provenían de todas partes, incluso de arriba donde había una especie de puentes colgantes los cuales habían sido tomados por los soldados de Vermist. Al entrar Hanzel vio varios cuerpos ya en la estancia así que imaginó que los guardias habían caído ahí. Poco a poco los muchachos se abrieron paso a tiros (o mas bien a lanzamientos, sería la expresión correcta) Teresante fue inteligente y lanzó una bola de color roja a uno de los puentes colgantes, después de tres segundos ocurrió una explosión desplomando el puente y tirando a 6 soldados que los atacaban desde allí. Y no había ni pista de Vermist
Pronto los soldados comenzaron a agotarse hasta que los tres muchachos quedaron solos en la estancia, corrieron a la parte de en medio donde yacía el grueso tubo verde fosforescente, había una máquina conectada a éste, máquina que no parecía tecnología propia del lugar. Diz se acercó al display de dicha máquina y se le dibujó una expresión de horror en el rostro.
-¡Está drenando la energía radioactiva! – gritó - ¡Tenemos que detenerla!
Comenzó a teclear algunos botones en la máquina, pero casi en seguida sintió un calor demasiado intenso en su hombro derecho, tan intensó que tuvo que detenerse, pronto ese calor se transformó en dolor. Le habían disparado.
-Me temo que no pueden detenerla – sonó una voz detrás de ellos, los tres se volvieron, Diz con una mano en su hombro para tratar de aliviar el dolor pero sin ningún resultado positivo. El doctor Vermist estaba en la entrada de la estancia con su sobresaliente pistola en la mano, era una pistola especial que disparaba el mismo tipo de bolas de energía que la de los guerrero B, bueno…similar. El doctor Vermist era un hombre de edad madura, de aproximadamente 40 años, era alto y delgado y su cabello era oscuro con algunas hebras grisáceas. Hanzel se horrorizó al percatarse de que Vermist no estaba solo, a su lado y arrodillado estaba su hermano… ¡Arthur estaba de rehén!
-Claro…a menos que quieran que el pequeñín sufra – agregó saboreando una sonrisa malévola en la boca
-¡Déjalo! – gritó Hanzel creando en su mano una bola azul, Vermist en seguida apuntó su pistola a la cabeza de Arthur. Teresante lo tomó del brazo y con un ademán le dio a entender que se tranquilizara, Hanzel lo hizo y la bola de energía en sus manos desapareció.
-Será mejor que me dejen llevarme mi uranio y nadie saldrá más lastimado…al menos por ahora – Vermist soltó una carcajada, acto seguido tomó del cuello a Arthur y lo obligó a avanzar, el niño avanzó quejándose; se acercaban lentamente a los tres muchachos – Y si me permiten darles un consejo, traer niños pequeños a estos lugares no es lo más…educativo – soltó otra carcajada.
-Da la casualidad – comenzó a decir Diz con un poco de trabajo por el dolor – Que venimos justo por ti, así que no podemos dejar que t vayas.
-Me temo que no será posible… ¿Diz, verdad? – el doctor ya estaba a la mitad del camino hacia ellos – Eres de los pocos a los que conozco, así como Teresante; ustedes son el orgullo de su organización – su tono sonaba sarcástico.
-Claro… a diferencia de ti que eres una vergüenza – dijo Teresante con aire burlón – Y eso que tú eres el único en tu organización ¡Ha!
-Claro que no, somos más…
-Y lo peor de todo – interrumpió Teresante con una sonrisa en la boca – Es que nada de lo que haces funciona bien, yo creo que debe ser frustrante saber que por más que lo intentes no lograrás tu cometido ¿no?
-¡Cállate! – gritó Vermist - ¡Esta vez lo lograré!
-¿Qué haces? – susurró Hanzel en voz baja, Teresante le lanzó una mirada tranquilizadora, como diciéndole “sígueme la corriente”
-Haces todo lo posible por eliminarnos – Teresante seguía con su tono burlón – Y nosotros no te hemos hecho nada…solo pierdes tu tiempo mientras podrías estar haciendo otra cosa que hagas mejor…como ¿jardinería tal vez?
-¡Cállate! O t vuelo la cabeza – Vermist perdió la paciencia, empujó a Arthur agresivamente a un lado avanzó un largo paso y le apuntó a Teresante. Arthur estaba ahora temporalmente fuera de peligro pero ahora era Teresante el que estaba amenazado y no podía atacar…Diz por lo visto tampoco pudo, quien sí lo hizo fue la persona menos pensada. Una bola azul de energía golpeó a Vermist en su mano que sostenía la pistola, aquella bola había provenido de Arthur que esbozaba una alegre sonrisa. Vermist, tirando su pistola, lanzó un alarido de dolor – Ahhhh! ¡Maldito!
En seguida los tres adolecentes reaccionaron y atacaron, Diz con una bola color café, Teresante con una amarilla y Hanzel con una azul; lamentablemente solo la de Hanzel alcanzo al doctor, las demás fallaron, Vermist lanzó otro alarido de dolor al contacto del ataque de Hanzel con su hombro derecho, luego rápidamente se agachó a recoger su pistola y corrió a la salida, al mismo tiempo que los tres muchachos volvían a lanzar un ataque pero esta vez, porque el doctor iba en movimiento, los tres fallaron.
-¡Odio tener mala puntería!- exclamó Teresante
En la entrada de la estancia estaba el deslizador de Vermist, una especie de patineta que permitía a Vermist volar a altas velocidades, rápidamente se subió en él y se elevó por encima de sus cabezas, los tres (Hanzel había dicho a Arthur que ya no atacara, pues no controlaba aun sus poderes) seguían tratando de darle al doctor pero ninguno tuvo éxito, en cambio Vermist les lanzaba algunos ataques con su pistola y algunos de ellos casi los alcanzan.
-¡Tenemos que cubrirnos! – sugirió Diz, al tiempo en que los cuatro se ocultaron tras unos contenedores metálicos que había a unos metros de ellos.
-¡No pueden esconderse de mí! – gritaba Vermist mientras seguía disparándoles, los ataques pegaban en los contenedores y no los dañaban. Hanzel solo esperaba que no hubiese nada peligroso en esos contenedores…
Durante un par de minutos más la escena se repetía, los 3 muchachos atacaban a Vermist, él maniobraba un poco con su deslizador y evadía los ataques y luego contraatacaba, y cada vez los ataques no los alcanzaban por menos y menos tiempo. Hasta que Diz logró demostrar porque fue la campeona del torneo, logró lanzar una bola color rojo que se quedó pegada en el deslizador de Vermist, tras 3 segundos explotó dañando el deslizador y haciendo que perdiera el control.
-¡Malditos! – gritaba en lo alto, los tres aprovecharon y salieron de su escondite para seguir atacando a Vermist, pero lo que el científico hizo a continuación causo expresiones de horror en los tres muchachos, tomó el control del deslizador y apuntó y disparó al tuvo verde que estaba en el centro de aquella estancia…liberando el gas verde que estaba dentro, en seguida una alarma asaltó los oídos de todos - ¡Suerte con eso!
Y Vermist cargó en su deslizador hacia una ventana, rompiéndola y saliendo de allí; segundos después de donde había salido Vermist (y de todas las otras ventanas) se cerraron con una cortina metálica que a simple vista parecía resistente.
-¡Vámonos! – gritó Diz y todos corrieron a la salida, las puertas se cerraban tras ellos. La alarma seguía repicando sus oídos, aquella instalación había entrado en una emergencia de control de sustancias radioactivas. Si se quedaban allí jamás saldrían.
Por suerte fueron lo suficientemente rápidos para salir…excepto en la última puerta (la que ya daba al exterior) que se cerró en sus narices…
-¡Rápido! – ordenó Hanzel lo primero que se le vino a la mente – Los tres hagamos el color rojo en un mismo punto para hacer un agujero
Nadie dijo nada, Diz y Teresante asintieron y lanzaron una bola de energía color rojo cada uno a la puerta, cuando explotó un pequeño agujero apareció a la mitad de la puerta, los 4 chicos pasaron por allí y salieron hacia el bosque. No dijeron nada y rápidamente entraron en el Escorpión para regresar a la base…
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-Entonces…Vermist escapó – ya de regreso en la base el general estaba en su oficina, sentado en sus escritorio mientras los tres muchachos que habían fallado estaban frente él, con la cabeza agachada. April también estaba ahí, era una muchacha joven de piel morena y cabello negro y lacio, era experta en computadoras y trabajaba mucho para mejorar las bases de datos y los sistemas de los Guerreros B. Además era hija del general y prima de Teresante.
-Hicimos lo que pudimos señor – explicaba Diz – Lo más probable es que Vermist haya llegado a parte de sus soldados, en su deslizador, así exploró el área y vio al Escorpión, donde estaba el hermano de Hanzel de ese modo pudo chantajearnos.
-Bien, en primer lugar – argumentó el general – Yo no estaba de acuerdo en que Hanzel fuera, ¡Mucho menos su hermano! Fue peligroso e irresponsable, y en segundo lugar tú eras la encargada del Escorpión ¿Por qué no lo escondiste como debiera?
-Pues yo…
-Estoy muy decepcionado de usted, señorita Strahort – interrumpió el general – Me temo que usted es responsable de este fracaso y deberá afrontar las consecuencias, será suspendida…
-Pero… ¡No! – decía Diz con dolor en sus palabras
-April, ¿no opinas que es lo correcto? – se volvió el general a su derecha donde April se postraba son los brazos cruzados. Le habló tan repentinamente que April se sobresaltó al ir su voz
-Si me permite general – hablaba con una voz dulce y suave – Creo que esta siendo un poco duro con ella, si hizo mal pero también fue parte de la culpa de los demás, además Diz logró salvar al hermano de Hanzel, que a fin de cuentas es un inocente, y evitó que Vermist robara el uranio.
-April…tu siempre tan compadeciente – dijo el general y se le dibujó una sonrisa en el rostro, luego se quedó poensando unos segundos. A diferencia de su hija que era amable y empática, el general siempre había tenido mano dura para castigar sin importarle los demás. Podría castigar severamente a su hija si fuera necesario – Está bien…pero de todos modos Diz, te bajare un rango y la próxima misión te daré una oportunidad para que lo recuperes…y espero que a la siguiente me escuches…
-Si señor…
-¡Descansen! – ordenó el general y Hanzel, Diz y Teresante se retiraron. El general comenzó a masajearse las sienes con las yemas de los demos y lanzó un suspiro.
-¿Estás bien? – preguntó April acercándose y tomándolo del hombro
-Si…pero no dejo de pensar…
-¿en qué?
-En… ¿para qué demonios quería Vermist tanto uranio…?
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Al mismo tiempo que Hanzel y sus amigos eran regañados, en la pequeña guarida de Vermist él también regañaba a sus sirvientes por no haber ayudado en nada…aunque muy en el fondo sabía que la culpa había sido de él, se dejó engañar…y en ningún momento debió dejarle de apuntar al niño…
Ya que estaba encerrado en su oficina su cabeza no paraba de darle vueltas…Diz y Teresante… ¡Como odiaba a esa parejita de adolecentes! Siempre entrometiéndose en lo que no les importaba, siempre frustrando sus planes; aunque más que nada eso era trabajo de todos aquellos niños… ¡Todos los guerreros B! Desde que había empezado su misión de recolectar tecnología, de obtener todo el poder que pudiese tomar ¡Ellos estaba allí! Pero esta vez…el rostro de aquel muchacho no salía de su mente, ese idiota que era más joven que Diz y Teresante…a él jamás lo había visto ¿Quién era?
-¿Señor? – una voz hizo que Vermist se sobresaltara
-¿Que ocurre, Nefarius? – dijo Vermist masajeándose las sienes con las manos, Nefarius era un hombre un tanto mayor que él que lo ayudaba en sus investigaciones, su especialidad era el campo místico, esoterismo, y magia. Era uno de sus más fieles ayudantes. Era extraño que un científico se llevara tan bien con un creyente de tal magnitud. O tal vez no era tan creyente…
-Tenemos registro de donde el gobierno esconde otro depósito de uranio…
-Olvida el plan del Uranio – dijo Vermist con la cabeza agachada, sonaba un tanto deprimido – No iba a funcionar de todos modos, ellos se iban a interponer.
-Pero señor…
-Lo que ahora quiero – interrumpió el científico, acto seguido tecleó un par de botones en su computadora y una imagen apareció en la pantalla, era una imagen de lo que había ocurrido aquel día, Hanzel, Diz y Teresante estaban allí – Quiero saber quién es él – señaló a Hanzel – Quiero eliminarlos. A ellos tres. Y luego a todos los de su calaña.
-Si gusta puedo investigar la identidad de aquel joven señor – se ofreció Nefarius.
-Muy bien, no tardes – ordenó Vermist, seguía con la mirada agachada – Tengo que pensar en algo para quitarlos del camino.
Nefarius no dijo mas, salió de la oficina. Después Vermist se quedó examinando la pantalla de la computadora un rato mas… Aquel muchacho se le hacía tan conocido…
¡Una idea llegó como un rayo a su cabeza… ¡Era un muchacho! ¡Todos ellos no eran más que simples muchachos! Siempre que peleaba con ellos era después de periodos muy largos, periodos los cuales seguramente ellos pasaban entrenándose y preparándose, entonces pasaban mucho tiempo hasta que volviesen a pelear y ellos se preparaban más… ¡Solo eran unos niños, no eran soldados! ¡Él tenía una organización a su merced! No eran un ejército pero si eran muchos solados entrenados. Los niños no soportarían ni siquiera una semana de ataques seguidos… ¡Eso era! Una simple semana atormentándolos sería suficiente para borrarlos del mapa.
Vermist estaba tan sumergido en sus pensamientos que no había notado que ya había pasado media hora, vio el reloj y estuvo a punto de levantarse, una pequeña luz roja en el monitor hizo que se detuviera y se acomodó de nuevo, dicha luz anunciaba que tenía un nuevo correo electrónico, hizo un par de clics y abrió el correo que tenía únicamente un par de líneas.
“EL MUCHACHO ES HANZEL DOULLERY, ES LA MAYOR AMENAZA A LA QUE LA ORGANIZACIÓN SE PUEDE ENFRENTAR POR SUS PODERES QUE OCULTA, ELIMINALO A ÉL Y LOS GUERREROS B CAERÁN EN SEGUIDA, ESA DEBERÁ SER PRIORIDAD”
No tenía remitente
-Hay Nefarius, odio que ocultes el remitente…pero en fin… - susurró Vermist, luego se levantó y se dirigió a la imagen que seguía en la computadora y la imagen de Hanzel se asomaba por atrás de donde el correo electrónico que había recibido estaba – Asi que Hanzel Doullery… será mejor que reces por tu propio bien… - no pudo evitar soltar una carcajada.
Lo que Vermist no sabía es que, Nefarius no había enviado el correo…